Contenido de prueba (Trono).



Atravesó el salón del Trono con paso firme y decidido mientras se despojaba de las pesadas piezas de su armadura, dejándolas caer al suelo. Cada trozo de metal, afianzado a su propia piel, dejaba brotar lágrimas carmesíes al ser arrancado. Todos cayeron al suelo con un sordo lamento, con una súplica ahogada.


Llegó ante la princesa cubierto tan sólo por su yelmo, sin nada más que cubriese su maltratado cuerpo. Las cicatrices cubrían su pecho, testimonios de gloria y tragedia, recordatorio eterno de cada error cometido. El ala de un cuervo asomaba tímidamente a través de su hombro izquierdo, aquel era el tatuaje que había comenzado a forjar su reputación. Se quitó el yelmo mientras se arrodillaba, cansado y tembloroso, y miró a la hermosa dama sentada ante él, radiante y hermosa como un amanecer invernal.



La joven vió en los ojos del caballero la transformación que se produjo en una fracción de segundo. El miedo había abandonado su mirada para dar paso a la más firme convicción.



- Mi señora. Me presento ante vos despojado de toda protección, sin nada que esconder. Os ofrezco cuanto soy, aún a sabiendas de cuál es vuestra opinión de mí. Os presento mi piel desnuda, con cada herida al descubierto, testimonio de mis errores, para que podáis decidir si soy un digno guardián o...


- Guardad silencio, por favor.



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