Contenido de prueba (Trono).



Atravesó el salón del Trono con paso firme y decidido mientras se despojaba de las pesadas piezas de su armadura, dejándolas caer al suelo. Cada trozo de metal, afianzado a su propia piel, dejaba brotar lágrimas carmesíes al ser arrancado. Todos cayeron al suelo con un sordo lamento, con una súplica ahogada.


Llegó ante la princesa cubierto tan sólo por su yelmo, sin nada más que cubriese su maltratado cuerpo. Las cicatrices cubrían su pecho, testimonios de gloria y tragedia, recordatorio eterno de cada error cometido. El ala de un cuervo asomaba tímidamente a través de su hombro izquierdo, aquel era el tatuaje que había comenzado a forjar su reputación. Se quitó el yelmo mientras se arrodillaba, cansado y tembloroso, y miró a la hermosa dama sentada ante él, radiante y hermosa como un amanecer invernal.



La joven vió en los ojos del caballero la transformación que se produjo en una fracción de segundo. El miedo había abandonado su mirada para dar paso a la más firme convicción.



- Mi señora. Me presento ante vos despojado de toda protección, sin nada que esconder. Os ofrezco cuanto soy, aún a sabiendas de cuál es vuestra opinión de mí. Os presento mi piel desnuda, con cada herida al descubierto, testimonio de mis errores, para que podáis decidir si soy un digno guardián o...


- Guardad silencio, por favor.



Contenido de prueba (Óxido).



Óxido...

Humo y suciedad,

Asfalto, botellas y caos.

[...]

Un incesante ruido que no respeta nada. Una amarga agonía bañada con indiferencia, la misma que desata la estupidez de cerebros ya marchitos por la falta de educación, los delirios de grandeza y una suciedad que ha trascendido las fronteras de lo racional asentándose en cada una de las células que conforman los organismos que pueblan este ambiente.

... Arrastraron al olvido todo aquello que alguna vez importó, ¿honor? ¿Valor? ¿Nobleza? Todo eso ya da igual, se ha perdido para siempre en un falso mar de libertades que no son más que cadenas para controlar rebaños de borregos putrefactos.

La libertad sin honor es...





[...]

Contenido de prueba (Errores).



Dicen que de los errores se aprende, pero siempre se olvidan de explicar que son criaturas peligrosas que, a menudo, crecen demasiado y dejan de ser maestros para convertirse en verdugos. Cuando ese momento llega, cada fallo se convierte en un poderoso ser que se nutre de odio y por cuyas venas corre la más pura sed de venganza. Una venganza hedionda y purulenta, que deforma y retuerce todo lo que algún día fue hermoso en ti con el único objetivo de hacerte recordar el monstruo que llevas dentro.

Se convierten en los soberanos de un reino de dolor eterno.

Un reino asfaltado con vestigios de promesas rotas, antaño buenas intenciones, dejadas atrás por el rencor, el miedo o la frustración. Un reino de cuyas fuentes brota el veneno de sueños sin cumplir y de falsas palabras disfrazadas de amor. Un reino en el que cada ladrillo es una amistad descuidada, una mano sin tender, un llanto sin consolar. Un reino erigido con manos manchadas de sangre y lágrimas. Un reino destinado a convertirse en tu prisión.

¿Puede alguien escapar de un lugar así? ¿Sirve de algo el arrepentimiento? ¿Podemos borrar el pasado con buenas intenciones?

Cuando te miras al espejo y ves unos ojos vacíos, cuando tocas tu piel y las cicatrices son el mapa de tu vida, cuando acarician tu pecho y no hay latir alguno...



Cuando te has convertido en un ser alimentado por el odio y el dolor, comienzas a aprender.

Contenido de prueba (I).



Llegó la hora. Dijiste que era el momento.

Te acercaste lentamente. Cada paso, la sombra de una tímida duda.

Tomaste mi mano y acariciaste mi cabello, tan delicado como siempre.

Posaste tu mirada en mis ojos, rozando mi rostro con tus dedos.

Detuviste el mundo en mis labios.



Fui a susurrar un “te quiero”... me besaste con un adiós.

Réquiem




He aquí mis entrañas.

Arranca de ellas mi último aliento
y deja la ceniza del tiempo en mi vientre.
Viste con tuétano, y hueso y veneno
tu simiente, mi muerte.
Que sea el retoño que horade mi alma.

Disfraza de amor tu opiáceo sueño,
eviscera los besos que dejé durmiendo en tu cuello.

He aquí mis ojos.

Míralos y miénteme,
di que todo lo hiciste por un futuro eterno.
Siempre juntos, palabra inerte:
Siempre.
Bailamos apuñalando un sentimiento, haciendo el amor a la suerte.

Besando los labios de la barbarie,
acariciando suavemente sus pechos, falsedad e hipocresía.

He aquí mi cuerpo.

Observa esta muñeca de trapo descosida,
Era tu vida, sus remiendos tus mentiras.
Cubre sus ojos, tápalos
con miel
y brillantes promesas: convierte sus lágrimas en cristal y mortaja.

Di que me amas, di que la amaste.
Limpia esta sangre y enmascara tu culpa. Cierra los ojos y vete.